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Poema de Roncesvalles o Cantar de Roldán, s.XII (fragmento)

Aunque los hechos que inspiran el Cantar de Roldán se remontan en la historia al siglo VIII, la versión literaria de las hazañas del héroe se compuso al parecer en el siglo XII. Su difusión por toda Europa fue fulgurante, y pronto se convirtió en la leyenda más célebre, cantada y contada de un Occidente latino en plena ebullición religiosa y cultural. La fama que atrajo sobre la zona de Roncesvalles, el escenario de las desgracias del protagonista, fue indudable, y contribuyó a hacer del paraje pirenaico el más conocido del Camino de Santiago y, en consecuencia, de todo el continente.

Carlomagno escucha el sonido del olifante de Roldán desde el fondo del valle de Valcarlos...

CXXXIV

Roldán, con gran esfuerzo y gran ansiedad,
muy dolorosamente, el olifante suena:
por medio de la boca le sale sangre clara
y se le están rompiendo las sientes del cerebro.
De su olifante sale un sonido muy largo.
Carlos lo puede oir, que pasa por los puertos,
lo oyó el duque Naimón, y lo oyeron los francos.
Dice el rey:"¡De Roldán el olifante oí!
No lo hubiera tocado de no estar combatiendo."
Responde Ganelón: "No creo que combatan.
Vos sois anciano ya, barba florida y cana,
pero vuestras palabras os muestran como un niño.
Sabéis a ciencia cierta que Roldán es altivo
y es una maravilla que Dios le aguante tanto.
Cuando Noples tomó sin vuestro asentimiento,
salieron detrás de él allí los sarracenos
e hicieron un combate contra el Roldán el bueno.
Roldán lavó con agua la sangre de los prados:
esto lo mandó porque no se supira.
Por seguir una liebre se pondría a tocar,
como está con los Pares, quizá es por jugar.
No hay nadie bajo el cielo que osase combatirlo;
así pues, cabalgad, ¿para qué os detendríais?"
Nuestra tierra de Francia aún está muy lejos.

Carlomagno decide volver en busca de su retaguardia, percibiendo el peligro en el que estaba Roldán...

CLXXVI

A la sombra de un pino está el conde Roldán,
en dirección a España tiene vuelta la cara
y muchísimas cosas le vienen del recuerdo:
se acuerda de las tierras que el noble ha conquistado
y de la dulce Francia, de todos sus parientes,
también de Carlomagno, señor que lo crió.
Llorando está y suspira, no lo puede evitar.
Pero tampoco quiere olvidarse de sí:
confiesa sus pecados y pide a Dios piedad:
"Protector verdadero, que jamás has mentido,
Tú, que de la muerte arrancaste a San Lázaro;
Tú, que de los leones liberaste a Daniel,
quieras guardar mi alma de todos los peligros
que por los pecados que cometí en mi vida."
Allí el guante derecho le está ofreciendo a Dios
y el ángel San Gabriel lo toma con su mano.
Su cabeza inclinada le sostiene en su brazo:
con las manos unidas se dirige a su fin.
Allí le envía Dios al ángel Querubín,
también es enviado San Miguel del Peligro;
juntamente con ellos se acerca San Gabriel
y el alma del buen conde al paraíso.

CXXXVIII

Muy altos son los montes, tenebrosos y grandes,
los valles son profundos y violetas las aguas.
Resuenan los clarines por detrás, por delante,
todos al olifante responden con su son.
Cabalgando con ira iba el emperador
y con él los franceses, irritados, dolientes.
Todos sin excepción lloran y se lamentan
y van pidiendo a Dios que preserve a Roldán
hasta que todos ellos puedan llegar al campo y to-
dos juntos puedan combatir con ardor.
Mas todo, ¿para que?, no le sirven de nada:
mucho se han demorado, muy tarde han de llegar.
Con cólera muy grande cabalgaba el rey Carlos,
por su cota de mallas vuela su blanca barba.
Espoleaban todos los barones de Francia,
de todos, no hay ninguno que no se lamentara de no
estar ayudando al capitán Roldán
en su lucha en España contra los sarracenos.
Está muy malherido, no creo que se salve.

!Dios, que grandes hombres los sesenta que tiene!
Ni rey ni capitán nunca los hubo iguales.

Cuando llega Carlomagno, ya demasiado tarde, encuentra el panorama desolador que temía...